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Imagina el escenario: estás en una playa paradisiaca, disfrutando del Sol y tu compañía favorita. En tu mano sostienes un margarita fresquito recién hecho, mientras de fondo suena una pegadiza melodía caribeña... ¿puede haber algo mejor que esto? Sí. Puedes mejorar notablemente este momento si ni tan siquiera tienes que sostener la copa y puedes disponer de tus dos manos libres para... lo que quieras.


La idea, bautizada como Levitating Cup, ha sido lanzada en la plataforma de crowdfunding Kickstarter y ya está a punto de alcanzar el objetivo inicialmente fijado. Se trata de distintos tipos de recipientes que desafían completamente a la gravedad. Su único objetivo, como ya habrás podido intuir, es sorprender a nuestros invitados con esta pionera comodidad y que no tenga que sostener su jarra de cerveza, la copa de vino, el cóctel o la taza de café.


El inventor, Joel Paglione, ha lanzado dos versiones distintas: con y sin cable. 

La segunda dispone de una batería que funciona bien con una sola carga según se explica. Su utilización es muy sencilla. Solo hay que colocar el recipiente sobre su base y dejar que la suspensión electromagnética haga el resto de la magia. El ideólogo promete que podrás caminar con la taza llena sobre su base sin derramar ni una sola gota. ¿Cómo hemos podido vivir sin este invento hasta ahora?




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El pegamento instantáneo inicialmente apareció en medio de la búsqueda de otro objetivo, por lo que fue un fracaso y olvidado por un buen tiempo. Luego notaron su real utilidad e insospechado alcance en distintas áreas.

Este producto tiene una historia de aquellas poco convencionales; una historia que nació por accidente, con otra finalidad y que entre sus aplicaciones más curiosas destaca el “pegado” de soldados de guerra.

Pegajosos fracasos
Corría el año 1942, mientras se desarrollaba la Segunda Guerra Mundial, y el doctor estadounidense Harry Coover junto con Fred Joyner trabajaban en los laboratorios de Kodak en búsqueda de un material transparente adecuado para las miras plásticas de los fusiles. Así Coover creó el cianoacrilato de metilo, pero era casi imposible emplearlo porque era demasiado pegajoso y se adhería a todo. La humedad hace que los químicos se polimericen y dado que prácticamente todos los objetos poseen una fina capa de humedad, el pegado se produce en cualquier momento.

Su sustancia fue un fracaso y cesó en su intento y olvido el producto por un buen tiempo. Nueve años después y tras haber sido trasladado a la planta química de Kodak en Tennessee, se volvió a topar con los cianoacrilatos monómeros. Supervisaba el trabajo en un diseño experimental de polímeros resistentes al calor para toldos de aviones. Nuevamente parecía ser un dolor de cabeza el material, pero Coover al fin notó que había algo interesante en el mismo.

Se dio cuenta que estos adhesivos tenían propiedades únicas en el sentido de que no necesitaban calor o presión para pegarse y que la unión era inmediata y extremadamente resistente. Hicieron pruebas de laboratorio con distintos objetos y todos los que utilizaron quedaban unidos de manera permanente.

Ahora, consciente de que se trataba de algo importante, patentó el producto como “Alcohol-Catalyzed Cyanoacrylate Adhesive Compositions/Superglue” y comenzó a afinarlo para iniciar su comercialización. Kodak comenzó a producirlo bajo el nombre “Eastman 910” y lo lanzó al mercado en 1958, 16 años después de su descubrimiento inicial.

Masificación y derivación médica
Rápidamente el pegamento se hizo popular y comenzó a ser conocido como “Super Glue” (“super pegamento”) y Coover saltó a la fama, siendo invitado a programas de televisión para demostrar la fuerza de su adhesivo instantáneo usando apenas una sola gota.

Más adelante, durante la Guerra de Vietnam, los cianoacrilatos fueron utilizados para el tratamiento de las heridas que presentaban los soldados. Los cirujanos en terreno comenzaron a implementar la sustancia rociándola sobre heridas abiertas, consiguiendo frenar de inmediato el sangramiento y facilitando su traslado de los pacientes a instalaciones médicas para ser tratados de manera adecuada.


Posteriormente obtuvo la aprobación por parte de la FDA para darle ciertos usos médicos, como volver a unir venas y arterias en operaciones, sellar úlceras sangrantes, detener el sangramiento incontrolable de algunos órganos blandos o el uso durante cirugías dentales.

Durante los ’60, Kodak vendió cianocrilato a Loctite (filial de Henkel), que comenzó a distribuirlo bajo un nuevo nombre (“Quick Set 404”) y en 1971 la compañía desarrolló su propia línea del pegamento y la bautizó como Super Bonder que también adquirió pronta popularidad.

Otra particularidad del pegamento es que en todas partes se le conoce con distintos nombres. Por ejemplo, en países como Argentina, Bolivia, Chile y Uruguay se comercializa como “La gotita” (en referencia a que basta una gota para pegar cualquier cosa); en Colombia y Venezuela se le llama “Pega loca”; en México es “Kola loka”; y en Ecuador se le llama “La brujita”. Llámese como se llame, seguro que todos tuvimos "problemas" con su eficacia a la hora de pegar.

Coover alcanzó a recibir la Medalla Nacional de la Tecnología y la Innovación en 2010, poco antes de morir el 26 de marzo del 2011.




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No fue el que las personas se divirtieran reventando las burbujas, si eso es lo que pensaste.

Hoy en día todos usamos el plástico de burbujas para principalmente una cosa: envolver objetos.Aunque algunos disfrutan reventándolos o incluso disfrazándose con él. Sin embargo, en sus inicios este curioso material fue pensado con otra función muy distinta. 



Alfred Fielding y Marc Chavannes fueron los inventores; ambos llevaban tiempo trabajando en un papel de burbujas de aire, destinado a empapelar paredes, pero los consumidores no acababan de ver la utilidad de este invento. También se intentó comercializar sin éxito como protector en invernaderos.

Durante un viaje en avión Chavannes se fijó en como las nubes parecían envolver suavemente el avión y entonces se le ocurrió la idea de usar el papel de burbujas que habían inventado como protector para embalar, sustituyendo así al papel de periódico que era habitual hasta el momento.

Así nació el Bubble Wrap y se fundó en 1960 la Sealed Air Corporatión destinada a comercializar dicho producto. El éxito fue casi instantáneo y su utilidad muy evidente pese a que, frente a los embalajes en papel, este plástico no es biodegradable.

El papel burbuja (o Bubble Wrap) es a día de hoy tan popular que el último lunes de enero de cada año se celebra un homenaje en su honor.


Joey Green escribió el libro “The Bubble Wrap Book”, en donde se cuentan miles de detalles sobre el plástico de burbujas. 






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