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Si hablamos de cuestiones estéticas, probablemente elijas el color de tus sábanas para que combinen con tu alcoba, tus muebles o la decoración de tu habitación, pero si por alguna razón tus sábanas son rojas o negras deberías cambiarlas… 

Según recientes estudios, el color de las sábanas tienen gran influencia en nuestra salud, e investigadores de la Universidad de Florida y el Union College en Lincon han descubierto algo que DEFINITIVAMENTE te pondrá la piel de gallina.

Si alguna vez has tenido una plaga de insectos, sabes lo difícil que es deshacerte de ellos, y es que con el paso del tiempo se han vuelto cada vez más resistentes a todo tipo de insecticidas y repelentes; lo que quizás ha provocado que muchos opten por tirar a la basura alfombras, colchones, sofás y sillones.

Pues estas plagas no sólo son molestas y poco higiénicas, sino que es muy peligroso que estos animales convivan con el ser humano.

Al investigar este tipo de animales se encontró que tienen una preferencia… el color.
¡Exactamente! Resulta ser que los insectos tienen también sus preferencias en cuanto a los colores, y por eso la elección del color de las sábanas también tiene importancia. Si quieres evitarlos, no utilices sábanas rojas o negras. ¿Pero cómo es posible? Te lo explicamos.

Como ya dijimos, el estudio fue llevado a cabo por los científicos investigadores de la Universidad de Florida y la Union College en Lincoln. Un chinche fue colocado en medio de la placa de Petri y le fueron otorgados 10 minutos para elegir uno de los escondites de color. El test se repitió una innumerable cantidad de veces para sacar pruebas justas y verdaderas. Finalmente, se sacaron algunas conclusiones interesantes.
Se llevó a cabo algunas variaciones de la prueba, por ejemplo con chinches en diferentes estados de desarrollo, diferentes géneros, con individuos y grupos de insectos, o también chinches hambrientos o llenos.

Estos insectos optaban por los colores rojo y negro, y parecían evitar colores como el verde o amarillo.

Los experimentos presentados demuestran que los chinches se mueven y buscan refugio teniendo en cuenta el color cuando están en la luz.



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Diariamente cepillamos nuestro cabello, pero sin darnos cuenta estamos ocasionando daño a nuestra melena

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No tiene nada que ver con la cantidad que lo hagas o cómo lo hagas, sino con tu cepillo, ya que este seguramente ya está desgastado y pidiendo el retiro.

Cuando cepillamos nuestro cabello lo hacemos para que se vea limpio, desenredado y para suavizar cada hebra, pero si existe una acumulación de pelo muerto entre las cerdas no surtirá ningún cambio, ya que no pasará correctamente.

Utilizar cepillos viejos puede hacer que tu cabello se vea sucio, grasiento y sin vida. Sin contar los residuos de productos para el pelo, lo cual se convierte en un cultivo para el polvo, ácaros, bacterias y hongos. Por lo que cada vez que te cepilles pasarás esta suciedad a tu cabello y cuero cabelludo.

Los residuos de productos del cabello pueden dañar tu cuero cabelludo, generando irritaciones, enrojecimiento y picor. Las personas que sufren de caspa complican su tratamiento, debido que puede empeorarlo.

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Para mantener tu cepillo en buen estado, es recomendable quitar el pelo que quede en él después de cada uso, además de lavarlo una vez a la semana.

Si queda residuos de cualquier producto de cabello, lo puedes limpiar con una mezcla entre bicarbonato de sodio y agua, luego pasar un cepillo de dientes de cerdas suaves sobre este. Después lávalo con un poco de champú, enjuaga con agua tibia y deja secar.

El tiempo para cambiar tu cepillo de cabello puede depender de la cantidad de veces que lo utilices o los productos que uses, pero lo recomendable sería cada 6 meses a un año.

Fuente: Eme de mujer

Hace unos años la universidad londinense de Kingston abrió la caja de los truenos demostrando con uno de sus estudios que hacer la cama era lo mejor que podíamos hacer si queríamos tener una nutrida comunidad de ácaros esperándonos cada noche.

Fue una pista reveladora –para algunos liberadora–, pero lo cierto es que la guerra contra los ácaros sigue librándose cada día, como saben bien aquellos que sufren reacciones alérgicas por su presencia. Para los que aún no lo tienen muy claro, primero hay que aclarar que los ácaros son unos arácnidos de tamaño microscópico que viven en este planeta desde hace más de 400 millones de años, lo que deja claro su gran poder de adaptación (y que no se van a ir tan fácilmente).

El problema es que estamos rodeados por ellos, ya que algunas subespecies de ácaros se instalan en el polvo. Sí, el polvo es un ecosistema muy complejo que mezcla materia inorgánica y orgánica, y donde hay desde escamas de piel humana hasta esporas de hongos, bacterias, pólenes, insectos, restos de alimentos, y, como no, ácaros. En realidad, cualquier proteína presente en el polvo puede ser alérgeno si la inhalamos y llega a las vías respiratorias. En el caso de los ácaros, lo que nos produce alergia concretamente son sus residuos biológicos o defecaciones.

Antes de combatirlos es importante saber bajo qué condiciones están más cómodos. La temperatura ideal para su crecimiento es de entre 25º C y 30º C, y necesitan vivir en lugares muy húmedos (un 70-80% de humedad relativa es ideal para ellos).

Sus lugares predilectos para instalarse en una casa son los colchones, las almohadas, los tapices, las alfombras, las mantas, los edredones, los sillones, las librerías, las cortinas, los juguetes de peluche o el pelo de los animales y de los niños, entre otros. Pero lo peor es que nos necesitan, porque se alimentan de nuestros detritos.


El problema es que muchas personas no soportan su presencia (en algunas regiones puede afectar al 80% de la población infantil) y sufren en mayor o menos grado algunos de estos síntomas: estornudos, congestión nasal, picazón de la garganta y oídos, urticaria, inflamación de párpados, picazón de ojos, tos y problemas respiratorios.

Pero, ¿cómo podemos espantarlos? Según el alergólogo José Manuel Barceló, hay una serie de rutinas domésticas imprescindibles que deben observar aquellos que sufran las consecuencias de los ácaros:
  • Ventilar bien la casa, a ser posible de forma diaria.
  • Evitar las humedades favoreciendo la circulación del aire. Tampoco son aconsejables los humidificadores.
  • Limpiar preferentemente con aspiradora, revisando el filtro con frecuencia. Como mínimo hay que pasar la aspiradora una vez por semana.
  • Quitar el polvo preferentemente con un trapo húmedo (para no transportarlo de un sitio a otro).
  • Evitar animales de pelo o de plumas en el domicilio: pueden acumular polvo.
  • El colchón y la cama son sus lugares favoritos. Se recomienda cambiar con frecuencia (mínimo una vez por semana) sábanas, fundas de colchón y almohadas, y pijamas. Además, a la hora de lavar la ropa de cama se aconseja hacerlo con ciclos largos y temperaturas superiores a 55º C.
  • Es importante hacer la cama solo después de haber ventilado bien.
  • Es preferible evitar las estanterías repletas de libros.
  • La ropa guardada acumula polvo, por lo que es mejor que esté en armarios cerrados o bolsas de plástico (especialmente las prendas de lana).
En general, queda claro que una buena ventilación es fundamental, así como la limpieza habitual de la casa y muy especialmente del dormitorio. Cuanto más muebles y revestimientos peor (alfombras, moquetas, cortinas, etc). Y sobre todo, si no queremos ácaros debemos evitar temperaturas altas (ojo con la calefacción) y no propiciar que haya humedad relativa en el aire (nada de humificadores). A menos de 22º C y por debajo de un 45% de humedad la posibilidad de que los ácaros sobrevivan es remota.



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