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La conducta se denomina onicofagia y obedece a diferentes razones de índole psicológico

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A la conducta de “comerse las uñas” de manera repetitiva o compulsiva, se denomina onicofagia y obedece a diferentes razones de índole psicológico.

Es más, la Asociación Americana de Psiquiatría califica esta práctica como un trastorno obsesivo-compulsivo (TOC).

Según el psicólogo Andrey Gómez, en la mayoría de casos, este hábito es señal de un conflicto psicológico mayor, al que se le debe prestar atención.

“Ningún caso es igual a otro, todos deben estudiarse de forma independiente y analizarse según el entorno de la persona y su edad”, agregó el experto.

Por ejemplo, en la temprana infancia, “comerse las uñas” es un síntoma de la etapa oral, donde llevarse las manos a la boca y morder forman parte de aprendizaje. No obstante, en algunos niños esta práctica puede generar gran satisfacción, lo que hace que se repita de forma constante. Por lo general, esta práctica desaparece con el desarrollo.

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En la adolescencia podría ocurrir por varias razones, una de las más frecuentes es por heridas autoinfligidas que se originan por la no aceptación de sí mismos. También suele ser un signo ansioso ante una situación particular; por ejemplo, la separación de los padres o el bullying , entre otros.

“Los adultos se comen las uñas principalmente por trastornos ansioso-depresivos, lo que desencadena una compulsión que busca liberar la tensión producida por baja autoestima, sentimientos de minusvalía o tristeza”, explicó el psicólogo.

Esta compulsión se incrementa ante el estrés o el temor. Por ejemplo, surge cuando se deben enfrentar situaciones angustiantes, ya sea en el trabajo, la familia, o durante un examen.

La onicofagia en muchos casos se puede acompañar de otros trastornos, como el insomnio, la pérdida de deseo sexual y problemas alimentarios.

El tratamiento dependerá de cada caso, pero en todos se recomienda la ayuda de un profesional en comportamiento o trastornos emocionales; puede ser un psicólogo y, en casos más serios, un psiquiatra.

Fuente: Universal


La supermamá, entre contracción y contracción, acabó su prueba

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Los hijos son lo primero en la vida de los padres. Sin embargo, Tommitrise Collins, una joven de 21 años residente en Estados Unidos, demostró que en ocasiones hay que dar prioridad a otros ámbitos de la vida.

Collins, mientras estaba en trabajo de parto, terminó un examen de gran importancia en su carrera universitaria a través de la Red.

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Esta curiosa madre se quedó embarazada hace nueve meses y, a pesar de tener dolores constantes decidió que no podía perderse uno de los exámenes de su carrera. De tal manera que entre contracción y contracción se armó con su laptop y terminó su prueba de la Universidad Estatal de Georgia en la materia de Justicia Criminal.

La joven terminó la prueba en hora y media. Comenta que acabó el examen no sólo por ella, sino para garantizar el futuro de su hija, ya que al terminar sus estudios universitarios podrá aspirar a darle una mejor vida al conseguir un buen trabajo. Como era de esperar, este tipo de comentarios le han dejado todo tipo de comentarios positivos en Facebook, donde la fotografía de la nueva «mami» en el centro médico ha logrado reunir más de 12 mil Likes y Páginas compartidas.



Ahora ella es toda mi vida, y así es como lo veo. Pero mis metas no serán aparcadas. Quiero que mi hija pueda vivir cómodamente y quiero demostrar a la gente que ser una madre joven no tiene que ser sinónimo de ser una mala madre»,

Explicó Collins a la cadena Fox 5 News.

Por su parte, su hermana, Shanell, no tardó en alabar a través de Facebook, a la nueva madre :

Esto es lo que se llama tener unas 'fuertes prioridades'. Tenía contracciones cada tres minutos y estaba haciendo un examen. ¡Vas a ser una gran madre!».


Todavía no se sabe si Collins aprobó o no el examen, lo que sí es un hecho es que esta chica ya es toda una celebridad a través de Facebook. Y sobre todas las cosas, ya es madre de una linda niña llamada Tyler que nació con un peso de tres kilos y medio, y por la cual se siente afortunada.


Fuente: Soy carmin

El camino de la evolución del ser humano tiene ante sí, y desde el principio, uno de los mayores obstáculos que le impide y le impedirá avanzar y mejorar: el propio ser humano. El egoísmo humano se interpone en todas las decisiones, haciendo imposible imaginar una situación en la que el colectivo se sobreponga a lo individual. Esto mismo parece querer demostrar un profesor de la universidad de Maryland que, con una pregunta trampa, evidencia lo que antaño ya afirmaba el filósofo Thomas Hobbes: el hombre es un lobo para el hombre.

El doctor Dylan Selterman, profesor de psicología de la universidad estadounidense, trata de ayudar a todos sus alumnos desde 2008. En sus exámenes, Selterman incluye desde entonces una sencilla pregunta extra, que ofrece la oportunidad de subir la nota final. Los alumnos, al empezar a leer el enunciado de ésta, se muestran agradecidos y algo aliviados por el regalo, pero antes de acabar la pregunta, sus caras se tuercen en una mueca al ver que el regalo está envenenado.

La pregunta trampa propone lo siguiente: "Aquí tiene la oportunidad de ganar algunos puntos extra en la nota final. Seleccione si desea 2 o 6 puntos extra a su calificación final. Pero, hay una pequeña pauta: Si más del 10 % de la clase selecciona la casilla de los 6 puntos, ninguno de ustedes obtendrá ningún punto", informa el periódico barcelonés La Vanguardia.

"He incluido esta pregunta cada semestre desde la primera vez que enseñé a nivel universitario, en 2008", apuntó Selterman a ABC 7 News. No es sorprendente descubrir que, desde entonces, sólo una clase logró los dos puntos extra, mientras que todas las demás se han quedado sin ellos, superando siempre el límite impuesto por el profesor de psicología. De nuevo, el egoísmo y la avaricia pasan por encima del bien colectivo e impiden al grupo evolucionar.

El profesor explica que la pregunta no fue idea suya, sino que la tuvo que responder él en un examen en su época de alumno en la Universidad Johns Hopkins. "Entonces, yo escogí la opción de puntos más baja, pero más de un diez por ciento escogió la más alta. Me enfadé mucho con mis compañeros".

De forma sutil y muy didáctica, el ejercicio disfrazado de pregunta trampa pretende enseñar a los alumnos cómo la acción de grupo afecta a cada individuo. Con ello, Selterman ejemplifica la tragedia de los comunes, un dilema descrito por Garret Hardin en 1968.

La Tragedia de los comunes describe una situación en la cual varios individuos, motivados sólo por el interés personal y actuando independiente pero racionalmente, destruyen un recurso compartido limitado aunque a ninguno de ellos, ya sea como individuos o en conjunto, les conviene que tal destrucción suceda. El egoísmo, la avaricia y la individualidad tienden a vencer en la gran mayoría de los casos al bien común y al conjunto.

Esta idea complementa a la teoría de juegos de John Nash, un área de la matemática aplicada que utiliza modelos para entender la toma de decisión y la interacción entre quienes deciden. El ejemplo clásico de esta teoría de juegos es el de la decisión del prisionero, que plantea cual sería la decisión de dos prisioneros a los que se les plantea reducir su pena si inculpan al otro, aumentarla si se inculpan entre ambos o mantenerla baja si no inculpan a nadie. En este modelo, el destino de cada individuo depende de las acciones del otro. Individualmente, confesar sería la mejor opción, pero si ambos lo hacen el castigo es peor que si ambos callan.

La pregunta, pese a llevar siete años en los exámenes del profesor de psicología, se hizo viral este año. Una alumna tuiteó una imagen de la cuestión y logró más de 6.000 retuits en poco tiempo.

Para evitar el escarnio que sufren sus clases y el castigo colectivo, algunos estudiantes pidieron a Selterman que sólo quite los puntos a aquellos que escogen la opción con más puntuación. Él, sin embargo, ha rechazado la opción porque la lección perdería todo el sentido. "Si demasiadas personas abusan de un recurso común, todo el grupo sufre. Sus acciones afectan a los demás, y viceversa". ¿Logrará el ser humano reconocer ser su propia piedra en el zapato y cambiar?





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