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David Spiegelhalter, experto en estadísticas de la Universidad de Cambridge, es uno de los investigadores que hoy va a decirte porqué puedes despedirte del sexo en los próximos años. El científico se dispuso a observar las tesis que aseguran la frecuencia en la actividad sexual ha disminuido notablemente en las últimas décadas.

Según Natsal, National Survey of Sexual Attitudes and Lifestyles, del Reino Unido, en 1990 las parejas de entre 16 y 64 años tenían relaciones sexuales cinco veces al mes, en promedio, en 2000, los índices disminuyeron hasta cuatro veces y en el 2010, sólo se tenía sexo en tres ocasiones, es decir, la frecuencia en 20 años ha bajado en un 40%. La investigación de David afirma que en 2030 las parejas no van a tener NINGÚN encuentro sexual, si esto sigue en descenso. ¡WTF!

¿Por qué ya no tenemos sexo?
Prepárate para sorprenderte. Mientras hacía esta investigación, el profesor de Cambridge notó que había una línea ascendente en la sexualidad de los ingleses en 1973, un pico que el experto achaca a la crisis del petróleo en el país. ¿Por qué? En ese tiempo, el gobierno de Edward Heath declaró que habría un corte a la electricidad tres días a la semana con el objetivo de ahorrar combustibles. Entonces toma importancia el dicho de que antes las parejas tenían más hijos porque no tenían televisión.

Pero Inglaterra no es el único país que está quitando las ganas. Suecia también tiene en sus ciudadanos una especie de abstemios sexuales. Según lo cita el reportaje de El País, en 2013, el tabloide Aftonbladet publicó una encuesta entre tres mil personas que señalaba, el sexo es obsoleto. De hecho, el ministro de Salud Pública del país, Gabriel Wikstrom, encargó un estudio para comprobar si la población tiene menos sexo, los resultados se publicarán en 2019. Pero se cree que el estrés y la salud son determinantes para que la gente decida no tener coito.

Los millennials
Seguro has escuchado de esta generación, la generación del Facebook y Pokemón GO, pues esta generación es la que menos sexo tiene. Un estudio de la Universidad de San Diego, Estados Unidos, publicado en Archives of Sexual Behavior, así lo confirma.

En la investigación se entrevistó a 26 mil 707 personas de diferentes edades. Los resultados de la General Social Survey señalan que 15% de los jóvenes de entre 20 y 24 años nacidos en la década de los 90, no habían tenido ninguna pareja sexual desde los 18, mientras que los de la generación X, es decir, los nacidos entre los 60 y 70, presentaban la misma respuesta a esa edad, en sólo un porcentaje de 6%. A los 18 años, los de la generación X tenían más parejas sexuales que los millennials.

¿Por qué los millennials no tienen sexo?
La psicóloga Jean M. Twenge, escritora del libro Generation M, y principal investigadora del último estudio citado, señala que los millennials no tienen sexo porque dos rasgos característicos: el individualismo y el culto al yo, todo provocado por la tecnología y ¡ojo! el ocio. Están conectados todo el tiempo, pero nunca establecer relaciones que salgan de un recuadro; además, retrasan la emancipación de sus padres. Y algo muy particular, tienen miedo a las consecuencias negativas del sexo, las enfermedades de transmisión sexual, un embarazo no deseado y sí, el miedo a la intimidad.

El adiós al deseo
Otro punto importante es el cansancio, el filósofo alemán de origen coreano Byung-Chul Han señala que esta generación es la del cansancio, con trabajos mal pagados, jornadas mal pagadas y un sexo al que pareciera, hay que buscar agendarlo con cita.




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Puede que en el futuro seamos capaces de producir plantas en masa, pero éstas no serán verdes. Este es el modelo en el que actualmente se encuentran trabajando científicos vinculados a la Agencia Espacial Europea de Alemania e Italia, quienes se han basado en evidencias sobre la soja.

El verde de una planta viene dado por la absorción de la luz por parte de las células vegetales. Éstas contienen un pigmento conocido como clorofila, que actúa como un foco de absorción en los cloroplastos. ¿Son estos fundamentales para absorber la luz? Lo cierto es que no. Si fuera así, los seres humanos seríamos verdes. Los mamíferos basamos nuestro color en la melanina, que si bien también se encuentra presente en el reino vegetal, la forma en la que interactúa con los rayos ultravioleta en la epidermis es la causante de nuestro color y la manera en la que recibimos la luz solar.

Los científicos de la Agencia Espacial Europea se basan en una variedad de soja mutante que solo contiene un 20% de clorofila respecto a las plantas verdes habituales. Esta deficiencia cambia las propiedades de sus hojas, que adquieren un color amarillento. Sin embargo, reflejan la luz muchísimo más que sus parientes verdes, lo que se traduce en una menor absorción de energía. No obstante, fijan mucho más el dióxido de carbono del aire, lo que resulta positivo para los cultivos.

Los investigadores pretenden medir el brillo que emiten los seres del reino vegetal y así observar de qué forma convierten el dióxido de carbono en carbohidratos fundamentales para la fotosíntesis. Para ello, emplearán un sensor denominado HyPlant, desarrollado por el Centro de Investigación Jülich (Alemania), basado en 'cámaras' capaces de detectar la luz reflejada y emitida en las plantas.

“Por primera vez podremos medir si las nuevas ideas relacionadas con la fisiología de las plantas pueden detectarse por instrumentos voladores, allanando el terreno para seguir desarrollando tecnologías”, explica Dirk Schuettemeyer, coordinador de campaña de la ESA.

“En primera instancia HyPlant podrá observar una larga explanada de soja mutante cerca de los campos verdes. El siguiente paso será cuantificar la fluorescencia de los diferentes campos para probar la teoría de las tasas similares de fotosíntesis entre la soja original y la mutante”, añade.

Con esta técnica pretenden mejorar los conocimientos sobre cómo la fotosíntesis afecta a los ciclos del carbono y el agua. La información sobre la salud y el estrés de la vegetación planetaria puede ser fundamental para afrontar la demanda creciente de alimentos y piensos.

Según aclara la ESA en el comunicado, todavía es pronto para afirmar si el ciclo natural de fotosíntesis será o no un impedimento para cultivar plantas en otro escenario. Todavía hacen falta experimentos. El Explorador de Fluorescencia de la ESA será puesto en marcha en torno a 2022.




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La firma de diseño Studiobird es la creadora de este curioso artilugio que han presentado como el sarcófago del futuro, pero, contra lo que pudiera pensarse, la intención no es que sirva para albergar nuestros restos mortales, sino que lo usemos cuando todavía estemos vivos.

¿Y por qué iba a querer alguien meterse en el sarcófago?, se preguntarán muchos. Pues, según sus creadores, para meditar, relajarse y descubrir como el aislamiento puede inducir estados alterados de la mente.

Todo eso suena muy bien y viendo las fotos, con el cacharro instalado en un entorno natural tan bello, resulta casi apetecible. Pero, luego, pensándolo bien, como que da cosa la idea de meterse ahí dentro.










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En 1988, la compañía de automóviles Volkswagen le pidió a muchos pensadores y artistas una carta dirigida a los habitantes del planeta Tierra del futuro, concretamente del año 2088. Entre las respuestas recibidas, y publicadas en la revista TIME, estuvo la del novelista Kurt Vonnegut (1922-2007).


Con su estilo inteligente y su humor desenfadado, Vonnegut saluda al futuro con una nota pesimista, instando a nuestros nietos y bisnietos de finales del siglo XXI a aprender a convivir con una naturaleza que no tiene ninguna preferencia por los humanos por sobre otras especies:

La Naturaleza es despiadada cuando se trata de igualar la cantidad de vida en cualquier lugar y cualquier momento a la cantidad de alimento disponible. ¿Así que qué han hecho ustedes y la Naturaleza acerca de la sobrepoblación? Acá en el pasado, en 1988, nos veíamos a nosotros mismos como una nueva especie de glaciar, de sangre caliente y listos, imparables, a punto de zamparse todo y después hacer el amor --y luego a hacernos el doble de grandes otra vez.

La preocupación de Vonnegut, "puesto que he pasado más tiempo con científicos que con redactores de discursos para políticos", es que los recursos del planeta sigan igual de mal distribuidos en el futuro que como estuvieron en sus días --que están más cerca de los nuestros que ese porvenir distante al que se dirige en su carta-- y que se continúe eligiendo a personas demasiado optimistas para puestos de poder: "Espero que hayan dejado de elegir optimistas abismalmente ignorantes para posiciones de liderazgo. Fueron útiles mientras nadie se enteraba de nada de lo que realmente ocurría --durante los últimos 7 millones de años, más o menos. En mi época, han sido catastróficos como líderes de instituciones sofisticadas con trabajo real por hacer".

La solución de la continuidad de la vida en la Tierra, para Vonnegut, no está en seguir el camino armamentista ni la vía de la individualidad capitalista, y los líderes que necesitaremos en el futuro "no serán aquellos que prometan la victoria final sobre la Naturaleza a través de la insistencia en vivir tal como vivimos hoy, sino aquellos con el valor y la inteligencia para presentarle al mundo lo que parecen ser las condiciones de rendición, severas pero razonables, de la Naturaleza", y luego aporta estos puntos clave:

1. Reduzcan y estabilicen la población.

2. Dejen de contaminar el aire, el agua y los suelos.

3. Dejen de prepararse para la guerra y empiecen a lidiar con sus problemas reales.

4. Enseñen a sus hijos, y a ustedes mismos, también, ya que estamos, cómo habitar un pequeño planeta sin matarlo.

5. Dejen de pensar que la ciencia puede arreglar cualquier cosa si le das 1 trillón de dólares.

6. Dejen de pensar que sus nietos estarán bien sin importar qué tan destructivos y derrochadores sean ustedes, puesto que podrán ir a un lindo y nuevo planeta en una nave espacial. Eso es realmente bajo, y estúpido.

7. Y así. De lo contrario.

La carta cierra con una predicción involuntaria que se cumplió mucho antes del año 2088 (aunque los autos voladores siguen en desarrollo): "Nadie tendrá que salir de casa para ir a trabajar o ir a la escuela, o incluso dejar de ver televisión. Todos se van a sentar por ahí todo el día presionando teclas de terminales de computadora conectadas a todo lo que hay, y sorber bebidas anaranjadas con popotes como los astronautas".




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WhatsApp, el líder mundial de los servicios de mensajería instantánea nacido en 2010, ha confirmado que realizará una actualización en 2017 que cambiará la aplicación al incluir la característica de videollamada, informa el portal Archy World News.


Esta opción es algo que ya ofrecen los programas Skype, Hangouts y Facetime, pero WhatsaApp contará con la ventaja de integrarla en su interfaz y sincronizarla con la agenda.

El servicio, que hace dos años fue comprado por Facebook, no incluirá 'bots', los denominados 'asistentes virtuales', porque chocaría con su defensa de la privacidad: si no almacenan datos y no saben quién envía o recibe los mensajes tampoco consideran que deban procesarlos para dar respuestas automáticas.

La última innovación de la plataforma fueron las llamadas de voz (hoy en día se realizan unas 100 millones a diario), a la que recurren más de 1.000 millones de usuarios activos al mes.

Asimismo, para 2017 WhatsApp planea incluir el servicio de 'uno a muchos', el cual no estará disponible para todos los usuarios pero sí para clientes corporativos e instituciones. El servicio no ve la opción como una fórmula para promocionar productos, sino un canal para mejorar la relación entre aerolíneas y pasajeros, entre ayuntamientos y habitantes, o para que los medios distribuyan mejor su contenido.




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¿En qué empleos se encuentran las personas más pesimistas sobre su futuro laboral? sondeo estadounidense revela el top 10 al respecto.


El sitio web de comparación de salarios y opiniones laborales PayScale encuestó a 425.219 trabajadores en Estados Unidos entre el 15 de junio de 2014 y la misma fecha de 2016 a fin de saber qué opinaban sobre su futuro laboral. A estos empleados se les pidió que valoraran hasta qué punto estaban de acuerdo con la información "estoy seguro de que mi empleador tiene un futuro brillante".

¿El resultado de la encuesta? El 60% de los trabajadores estadounidense consideró positiva dicha afirmación, mientras que el 17% fue pesimista al responder sobre su futuro y el 24,4% no estaba muy seguro de qué responder, es decir, ve su futuro incierto.

Una vez escrutados estos datos, PayScale clasificó a los trabajadores también por empleos. Los más pesimistas respecto a su panorama laboral fueron los empleados de lavandería y limpieza en seco. Con un 32,6% de pesimistas entre sus filas, según publica la revista Forbes en su versión digital. En segundo lugar, los dietistas y los empleados de correos son los que ven peor su futuro, ambas profesiones con más de un 20% de trabajadores pesimistas.

En todos los sectores, los empleados del comercio al por menor tienen la pero perspectiva. De hecho, el 8,2% de los encuestados se mostró pesimista respecto a su futuro laboral. A medida que empresas como Amazon y sus competidores en e-commerce continúan ocupando la cuota de mercado de los escaparates físicos, es lógico que los empleados de las tiendas al por menor sean pesimistas con su empleo.

En el sector de alojamientos y gastronomía, los trabajadores también son bastante pesimistas, y junto a los trabajadores de gestión de residuos y descontaminación suponen un 8% del total de trabajadores de cada uno de ambos sectores.

Vistos estos datos generales, el ranking de profesiones con los empleados más pesimistas, ordenado de menos a más, quedaría de la siguiente forma:

  • 10 - Asistentes sanitarios a domicilio
  • 9 - Trabajadores de casino
  • 8 - Camareros de sala
  • 7 - Responsables de floristerías
  • 6 - Guardias de seguridad
  • 5 - Limpiadores de vehículos
  • 4 - Empleados de servicio doméstico
  • 3 - Empleados de correos
  • 2 - Dietistas
  • 1 - Trabajadores de lavandería y limpieza en seco



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En una sociedad hiperconectada, los cibercriminales podrían tener como objetivo desde nuestros coches y hogares hasta ciudades enteras.

Es un lunes cualquiera de 2020. Susana toma el tren rumbo a su empresa, donde lleva trabajando tres meses como subdirectora de una compañía de asesoría. Siempre llega a primera hora. Pero al pasar su tarjeta de acceso, la puerta sigue cerrada; algo raro ocurre. Llama al vigilante, que trata de desbloquearla con la suya, sin éxito. Afortunadamente, hay cerradura y abren con la llave. En su despacho, Susana enciende el ordenador y la pantalla solo deja cuatro espacios para introducir una contraseña numérica que nunca ha tecleado. Cuando recurre a su móvil para llamar a los informáticos, el teléfono se apaga. Nuestra protagonista estaba segura de que tenía batería de sobra. Busca el cargador y lo enchufa a la corriente: el aparato cobra vida como recién salido de fábrica, listo para configurarse. Extrañada, saca su ordenador portátil, donde guarda una copia de seguridad de los datos almacenados en su smartphone. Pero el laptop se apaga y le pide también que introduzca una clave.

De golpe acude a su pensamiento la posibilidad de que los contactos, las fotos de sus hijos, todo, se haya esfumado. Con un nudo en el estómago, empieza a sospechar de que ha sido objeto de un ciberataque. En ese momento, suena el teléfono del despacho: su marido está alarmado, después de intentar infructuosamente extraer dinero del cajero automático. El banco acaba de llamarle: no tienen efectivo en la cuenta diaria por culpa de una serie de gastos altísimos efectuados el fin de semana. Susana revuelve en su bolso. Todos los documentos están en orden, no le falta ninguna tarjeta de crédito. Siempre había sido muy cuidadosa con las contraseñas y, desde luego, nunca se le ocurriría proporcionar sus datos a correos electrónicos de origen extraño, que arrojaba rutinariamente a la papelera. ¿Cómo ha podido ocurrir?

Hackers "buenos" alertan sobre los nuevos delitos
Marc Goodman, fundador del instituto Future Crimes y exasesor del FBI y la Interpol, ofrece la explicación de nuestro caso hipotético en su revelador libro Los delitos del futuro (Ed. Ariel): se debe a un fallo o puerta falsa en la pegatina que contiene un circuito electrónico llamado identificación por radiofrecuencia (RFID). Está diseñado para ser leído por un escáner a cien metros de distancia. Susana la lleva en su coche para pagar automáticamente el peaje, en la llave electrónica de la habitación del hotel, en el pase de metro... y en sus tarjetas de crédito. Ella no podía sospechar que aquel hombre atractivo llamado Francis Brown, con cierto aire a lo John Cusack –el mismo que solía encontrar a veces en el tren, con quien hasta medio coqueteaba– llevaba un escáner oculto en su mochila para leer el contenido de sus tarjetas, mientras le ofrecía un café en un vaso de plástico y le daba conversación.

Brown existe de verdad: es un hacker dedicado a buenos fines, directivo de la compañía Bishop Fox de Arizona. Ha inventado un lector RFID capaz de extraer a distancia información incluso desde las billeteras o los bolsos. Su trabajo consiste en presentarnos cómo pueden operar los cacos de un futuro que ya está aquí. Quiere evitar que estos malhechores de alta tecnología nos birlen la cartera sin meter sus manos en nuestro bolsillo, y por eso denuncia en sus conferencias las vulnerabilidades de la tecnología RFID, patentada en 1983 por Charles Walton, fundador de Proximity Devices, en California.

Las pegatinas que la incorporan, se nos dice ahora, convertirán cualquier objeto en algo inteligente y propiciarán en cinco años el llamado internet de las cosas. Hay otras plataformas disponibles, como la comunicación de campo cerrado (NFC), que ya se usan para pagos con móviles a través de Android. Van a hacer posible el mundo interconectado, pero distan de ser perfectas y, sobre todo, seguras.

¿Y qué es exactamente el internet de las cosas? 
Mira a tu alrededor. Los clientes de los restaurantes, los viajeros de aeropuertos o estaciones de metro, la gente que cruza los pasos de cebra sin mirar, los nuevos turistas chinos que visitan las pirámides de Egipto..., todos tienen la vista fija en las pantallitas de sus móviles o sus tabletas, para regocijo de los gigantes tecnológicos, que disfrutan de las cuentas de resultados más abultadas de la moderna economía. En 2016, las cosas somos nosotros. Las personas que te rodean han perdido una parte importante de su privacidad; ni siquiera puede decirse que la hayan malvendido. Todos sus mensajes, fotos y contactos, su localización, los amigos con los que almuerzan, las voces que se graban cuando llaman a una compañía para cualquier gestión, sus correos electrónicos, sus datos fiscales y personales, sus domicilios, sus gustos, sus costumbres o sus comidas favoritas han pasado del ámbito íntimo a almacenarse en interminables filas de servidores. Todo está en la nube, en las tripas de instalaciones de acero y hormigón, en pasillos de discos duros refrigerados y activos durante las veinticuatro horas del día. “La privacidad realmente ya no existe, a menos que te vayas a vivir en lo más profundo del bosque, sin internet”, dice Jayne A. Hitchcock, escritora y experta en temas de ciberseguridad.

50.000 millones de objetos conectados
Hitchcock nos adelanta la próxima publicación de su libroCyberbullying & The Wild, Wild Web: When Anger & Revenge Get Out of Control. “Cualquiera que crea que tiene derecho a la privacidad, se equivoca. A la gente que viene a mis conferencias les suelo explicar que cuando publican algo en internet se va a quedar allí para siempre. Pero es muy difícil que piensen de esta forma, pues creen que si sufren un calentón y luego lo borran, se ha esfumado”. Las cosas somos nosotros... hoy. Pero en cinco años todo lo que tenga un chip estará enganchado a la Red, como nos avisa Goodman. Si en 1950 un ordenador ocupaba una habitación entera, en 2014 el número de smartphones –en realidad pequeños ordenadores de bolsillo– superó al de personas –más de 7.300 millones– que se conectaron a internet. A ello hay que añadir las consolas de videojuegos, codificadores, televisores inteligentes y otros tantos dispositivos. En cinco años, a esta lista habrá que sumar los frigoríficos, cafeteras, lavadoras, termostatos, bombillas, altavoces, sistemas de seguridad y monitores para bebés, coches, cascos, batidoras, juguetes y hasta cubos de basura. Ese mundo estará hecho de 50.000 millones de objetos que se comunicarán entre sí.

Las bondades y promesas parecen infinitas... Nuestro coche siempre online elegirá la ruta con menos tráfico, se comunicará con nuestra casa para regular la temperatura cuando lleguemos y activará el hornorrobot para tener la cena lista nada más traspasar la puerta. Pagaremos el seguro solo por el tiempo exacto que conduzcamos, y en función de cómo lo hagamos. El frigorífico nos avisará de la comida que falta, y hará un pedido para asegurarnos de que nunca nos quedaremos sin leche. Hasta el cubo de basura llevará un chip para saber cuánta materia orgánica hay; será más listo que el ordenador de la cápsula del Apolo XI que llevó a Armstrong a la Luna...

La otra cara de la moneda es mucho menos gratificante. Informáticamente hablando, nos hemos bajado los pantalones y descorrido la cortina de la ducha. Nuestros datos constituyen un filón gigantesco para las compañías que dominan el mercado online, pero también son oro puro para la ciberdelincuencia, una mina de jugosas ganancias ilegales. Un estudio de la compañía de consultoría Juniper Research, en el Reino Unido, estima que el cibercrimen acarreará pérdidas de ¡un billón de euros! en 2019. “Las inversiones mundiales en seguridad informática apenas superan los 72.000 millones de dólares, cuando los delincuentes se llevan hasta diez veces esa cantidad”, advierte Alberto Hernández Moreno, director de Operaciones del Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE), en León.

El panorama actual ya es amplísimo: correos electrónicos con virus troyanos para destruir tus datos; falsas puertas a la web del banco para vaciar tus cuentas corrientes; robo de identidad para usarte como tapadera y cometer otros delitos... Y, por supuesto, las distintas estafas en vigor, desde la clásica de pagar por algo y no recibirlo hasta los timos de corte romántico –hacer caso de una novia inexistente y atractiva que desea casarse contigo y te pide dinero por adelantado para el viaje desde Rusia–, pasando por las farmacias online que venden medicamentos falsificados que pueden llegar a matarte. Sin olvidar los casos de acoso escolar y chantaje a los adolescentes que cuelgan fotos y vídeos comprometedores de contenido sexual.

Si subes algo a la Red, se quedará allí para siempre

Un campo especialmente delicado es el de la salud. Los dispositivos médicos implantables (DMI) conwifi empiezan a ser cosa común. Tenemos bombas para insulina, neuroestimuladores, implantes cocleares o desfibriladores conectados que permiten a los médicos monitorizar a sus pacientes en tiempo real. Esto ahorra costes, visitas innecesarias y salva vidas ante una emergencia inesperada. Sin embargo, los DMI online son vulnerables. Investigadores de las universidades de Massachusetts y Washington lo han comprobado en ensayos, y el conocido hacker Barnaby Jack logró en 2012 manipular con su portátil un desfibrilador implantable a quince metros de distancia para que soltase una descarga eléctrica capaz de matar una persona.

¿Se han producido ya este tipo de crímenes? Aún no. Pero como suele suceder, la ficción anticipa lo que podría ser real dentro de poco. En la serie Homeland, el terrorista Abu Nazir intenta matar al vicepresidente de Estados Unidos vía internet, manipulando su marcapasos. No es casualidad que los médicos que atienden a Dick Cheney, el anterior vicepresidente norteamericano, decidieran eliminar el wifi de su propio dispositivo. Todos estos casos sugieren que la Web puede convertirse en un mar donde resulta muy fácil naufragar. La primera de las soluciones, quedarse en la orilla sin dejar que el agua te toque los pies, supone desconectarse del mundo: escribir cartas para comunicarse, tirar los móviles a la basura y desempolvar la máquina de escribir. Pero todo el mundo está nadando y disfrutando en ese ciberocéano. “Si vas a hacer algo delicado, la desconexión es una buena opción, pero poco realista”, opina Hernández. Y añade: “¿Quién se resiste a la posibilidad de manejar un coche desde su tableta o comprobar su estado por internet?”.

¿Qué hacer entonces? La mejor arma para sumergirse en esta mar de prodigios y posibilidades criminales es, aparte del bañador y un salvavidas, el sentido común. No hay que dejarlo en la playa. Hernández cree que la educación ciudadana –en la que está comprometido el INCIBE– es la mejor arma. “En un mismo día del año pasado recibimos 1.200 notificaciones de ciudadanos víctimas de estafas”, afirma este experto. Y aunque parezca un obviedad, no está de más recordar su consejo: no compartas fotos o datos con desconocidos.





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El 10 de julio de 1856 ocurrió una violenta tormenta eléctrica sobre Smiljan (Croacia). La historia dice que una partera, al ver al pequeño bebé que nació esa noche, alertó sobre un mal presagio: "Es el hijo de las tinieblas", señaló. La madre, ofendida, le respondió: "No, él será un niño de luz". De esta forma quedó sentenciado el futuro de Nikola Tesla, el hombre que dominó la corriente alterna.

A 160 años de su nacimiento, a Tesla se le debe mucho: el motor de inducción, la radio, el aeroplano de despegue y aterrizaje vertical (hoy llamado helicóptero) y los rayos X, entre otros inventos. También se lo considera precursor de la terapia mecánica, la robótica, la física nuclear y teórica y los dispositivos inalámbricos.

Tesla dejó, además, unas cuantas predicciones que hoy siguen sorprendiendo. Muchas de ellas las hizo durante una entrevista el 30 de enero de 1926, para el programa de radio The Collier Hour.

Smartphones
"A través de la televisión y la telefonía podremos vernos y escucharnos a través de instrumentos que podremos llevar en el bolsillo de un chaleco", dijo Tesla en 1926. Casi nadie usa chaleco, pero millones usan teléfonos inteligentes.

Aviones solares
"La aplicación más valiosa de energía inalámbrica será la propulsión de máquinas voladoras sin combustible"; al decir esto, el inventor hacía referencia a aviones de alta velocidad. Es verdad, todavía no funcionan sin combustible, pero ¿qué hay del Solar Impulse 2? Este avión está dando la vuelta al mundo impulsado por energía solar.

Wifi
"El receptor inalámbrico de ahora será desechado por un aparato más liviano y simple que podrá operar sin interferencias", señaló Tesla. Este vaticinó que cualquier dispositivo podría conectarse remotamente a través de un punto de acceso en la red inalámbrica, algo posible por wifi.

Robots
En 1898 Tesla mostró un bote autónomo. En ese entonces, pensó que las máquinas automáticas reemplazarían a los humanos en tareas peligrosas y que asistirían a los científicos.

Escuchas interplanetarias
"Tengo la sensación creciente de que yo he sido el primero en escuchar el saludo de un planeta a otro", confesó el inventor, considerado como uno de los padres de la radio, en un manuscrito. Como no descifró esa comunicación, sostuvo que sería posible en un futuro.




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El futuro promete, pero no siempre en el buen sentido. Aquí tienes 10 posibles acontecimientos de los que podríamos arrepentirnos profundamente en los próximos años. Listados en ningún orden particular.

1. Prácticamente cualquier persona será capaz de crear su propia pandemia
A principios de este año, el Proyecto de Prioridades Globales de Oxford enumeró una serie de catástrofes que podrían matar a un 10% de la población humana o más. En lo alto de la lista, una pandemia diseñada deliberadamente por un laboratorio. Los autores advirtieron que podría suceder en sólo cinco años.

Muchas de las tecnologías de esta predicción ya han empezado a aparecer, como el sistema de edición genética CRISPR/cas9 y las bioimpresoras 3D. Es más, los planos necesarios para este tipo de destrucción están disponibles públicamente. Hace una década, el futurólogo Ray Kurzweil y el tecnólogo Bill Joy regañaron al Departamento de Salud de los Estados Unidos por publicar el genoma completo del virus de la gripe de 1918, un movimiento que calificaron de “extremadamente estúpido”. Más recientemente, varios científicos se pronunciaron cuando Nature decidió publicar un estudio sobre mutaciones de ganancia de función que explica cómo la gripe aviar podría mutar en algo aún más letal.

El temor es que un estado villano, un grupo terrorista o una persona maligna puedan crear su propio virus y desatar una pandemia. La selección natural es muy buena creando virus desagradables y prolíficos, pero imagina lo que podría hacerse con un diseño intencional.

2. La gente que transfiera su mente a un ordenador estará quitándose la vida
Una de las visiones más radicales sobre el futuro es un mundo en el que los seres humanos biológicos intercambian sus cuerpos físicos por una existencia puramente digital. Esto requiere que la persona transfiera literalmente su mente a un superordenador, un proceso hipotético que podría resultar en la destrucción permanente de la persona original. Sería una forma de suicidio no intencional.

Esto es lo que se conoce como el problema de la “continuidad de la conciencia”. Sí, con el tiempo podríamos ser capaces de cortar, copiar y pegar la esencia de nuestra personalidad y nuestros recuerdos en un sustrato digital, pero transferir nuestra conciencia en sí puede ser difícil de justificar. Los neurocientíficos saben que los recuerdos existen en el cerebro como construcciones físicas; hay algo ahí dentro que se puede copiar físicamente. Pero seguimos sin comprender cómo funciona la conciencia: no estamos seguros de cómo surge en el cerebro, por no hablar de cómo podemos transferirla desde un punto A a un punto B. También es muy posible que la conciencia subjetiva no pueda replicarse en el ámbito digital y que sea dependiente de la presencia y la orientación de estructuras físicas específicas.

Transferir nuestras mentes requerirá, probablemente, una exploración destructiva y a escala atómica del cerebro. Sería similar a la forma de teletransporte que se hace en Star Trek. De hecho, uno de los secretos mejor guardados de la ciencia ficción es que la persona que está siendo teletransportada en realidad se quita la vida cada vez que lo hace y es sustituido por un clon exacto sin enterarse. Las transferencias de mente podrían ser similares: se destruye el cerebro original y se reemplaza por un ser digital que está convencido de que sigue siendo el original, pero todo es un engaño.

3. Reaparecerá el autoritarismo
A medida que aumenten las amenazas a la seguridad nacional, y a medida que estas amenazas se expandan en su gravedad, los gobiernos encontrarán necesaria la promulgación de medidas draconianas. Con el tiempo, muchos de los derechos y las libertades civiles que actualmente damos por sentadas, como el derecho de reunión, el derecho a la intimidad (más sobre esto más abajo, es peor de lo que piensas) o el derecho a viajar dentro y fuera de la fronteras de nuestro país de origen, podrían reducirse drásticamente.
Al mismo tiempo, una parte de la población se verá seducida por los discursos del miedo y estará dispuesta a elegir un gobierno firme que prometa mano dura contra las amenazas percibidas, incluidos los regímenes abiertamente antidemocráticos.

Las amenazas a la seguridad nacional tendrán que ser graves para instigar estos cambios, pero la historia tiene precedentes. A raíz de los ataques del 11 de septiembre y los posteriores envíos de esporas de ántrax, el gobierno de Estados Unidos promulgó la Ley de Seguridad Nacional. Esta legislación fue criticada por ser demasiado severa y reaccionaria, pero es un ejemplo perfecto de lo que sucede cuando una nación se siente amenazada. Ahora imagina lo que pasaría si ocurriera otro evento del tipo 11S, pero con cientos de miles de muertes o, incluso, millones de ellas.

Un acto de terrorismo de este tipo podría darse a través de las armas nucleares miniaturizadas o la liberación intencional de armas biológicas. Y el hecho de que los pequeños grupos terroristas e incluso personas individuales tengan el poder de obtener y utilizar estas armas puede hacer que los gobiernos y los ciudadanos estén más dispuestos a aceptar la pérdida de libertades.

4. La privacidad será cosa del pasado

Nos acercamos rápidamente a la era de la vigilancia omnipresente, un punto en el que prácticamente todos los aspectos de nuestras vidas serán supervisados. La privacidad como la conocemos dejará de existir, suplantada por los ojos y los oídos del Gran Hermano.

Los gobiernos, siempre temerosos de las amenazas internas y externas, se apoyarán cada vez más en tecnologías de vigilancia de bajo coste y alta tecnología. A las empresas, deseosas de realizar un seguimiento de las tendencias y comportamientos de sus usuarios, les resultará imposible resistirse. Los ciudadanos de la sociedad de la vigilancia no tendrán más remedio que aceptar que se grabará hasta el último detalle de sus vidas.

Ya en la actualidad las cámaras de vigilancia pueblan nuestro entorno, mientras que los ordenadores, teléfonos inteligentes y tabletas siguen nuestra vida diaria, vigilando nuestros hábitos de compra o el tipo de porno que vemos.

En el futuro, las agencias gubernamentales y la policía podrían implementar dispositivos de seguimiento más sofisticados, como los esperados microsensores de polvo inteligente que pueden monitorizar prácticamente cualquier cosa, desde la luz y la temperatura hasta las sustancias químicas y las vibraciones. Estas partículas podrían rociarse por toda la Tierra y funcionar como los ojos y los oídos del planeta. Combinados con los algoritmos de minería de datos de gran alcance, prácticamente todo lo que hagamos será supervisado. Para rendir cuentas podríamos vigilar a los vigilantes, pero ¿lo permitirán?

5. Los robots descubrirán que somos fáciles de manipular
Mucho antes de que las inteligencias artificiales adquieran conciencia de sí mismas, seres humanos y corporaciones las programarán para que parezca que lo hacen. Llegaremos a pensar que tienen una mente propia, lo que nos hará vulnerables a todo tipo de manipulación y persuasión. Es el futuro previsto por el futurólogo y novelista de ciencia ficción David Brin. Brin se refiere a estas máquinas de mente insidiosa como HIERS, o Human Interaction Empathetic robots.

“La empatía humana es uno de nuestros dones supremos y al mismo tiempo una de nuestras mayores debilidades”, explica Brin a Gizmodo. “A lo largo de un millón de años hemos desarrollado habilidades como la detección de mentiras... [pero] los mentirosos nunca tuvieron el entrenamiento que estos nuevos HIERS tendrán: el aprendizaje a través de la retroalimentación de cientos, luego miles, luego millones de intercambios con humanos en todo el mundo, ajustando sus voces simuladas y sus expresiones faciales y sus expresiones específicas hasta que las únicas personas capaces de resistir sean los sociópatas, que tienen un montón de grietas en su armadura también”.

Brin cree que algunos expertos van a ser capaces de distinguir cuándo están siendo manipulados por uno de estos robots, pero “eso importará tanto como lo hace hoy en día, cuando millones de votantes emiten sus voto en base a señales emocionales, desafiando sus propios intereses o a la razón”. Con el tiempo, los robots podrían guiar y proteger a sus compañeros humanos más crédulos, aconsejándoles que “ignoren el ceño fruncido de sentirse culpables, la sonrisa lastimera, la mirada cariñosamente encantadora, la historia triste, el apasionante discurso de ventas y las inevitables quejas de dolor por ser un robot perseguido u oprimido”.

6. Los efectos del cambio climático van a ser irreversibles
A finales del año pasado, los líderes mundiales forjaron un acuerdo para limitara dos grados Celsius el calentamiento global provocado por el hombre. Es un objetivo loable, pero puede que ya hayamos dejado atrás un punto de inflexión crítico. Sufriremos los efectos del cambio climático durante los próximos cientos o miles de años. A medida que entramos en la Sexta Extinción Masiva del planeta, corremos el riesgo de dañar los ecosistemas fundamentales y disminuir radicalmente la diversidad de la vida en la Tierra.
Los modelos climáticos muestran que, aunque dejasen de crecer repentinamente los niveles de dióxido de carbono, el gas de efecto invernadero que hay en la atmósfera de la Tierra seguirá calentando nuestro planeta durante cientos de años. Nuestros océanos liberarán lentamente el CO2 que han estado absorbiendo sin parar y nuestra atmósfera no podrá volver a los niveles preindustriales durante muchos siglos. Como decía una declaración reciente del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático: “Una gran fracción del cambio climático es en gran medida irreversible en escalas de tiempo humanas”.
responsables
En The Bulletin, el editor de ciencia Dawn Stover enumera las ramificaciones:
El derretimiento de la nieve y el hielo expondrá manchas oscuras en el agua y la tierra que absorberán más radiación del sol, acelerando el calentamiento global y el retroceso de las capas de hielo y los glaciares. Los científicos están de acuerdo en que la capa de hielo de la Antártida occidental ya ha entrado en un declive imparable. Las corrientes que transportan el calor dentro de los océanos se verán afectadas. La acidificación del océano seguirá aumentando, con efectos desconocidos sobre la vida marina. El permafrost en descongelación y el suelo oceánico liberarán metano, un gas de efecto invernadero. Se prevé que las sequías serás las peores en 1.000 años y provocarán cambios en la vegetación, incendios forestales y la liberación de carbono. Especies incapaces de adaptarse rápidamente a los cambios climáticos se extinguirán. Las comunidades costeras quedarán sumergidas, creando una crisis humanitaria.
La geoingeniería nos parecerá el último recurso para la Tierra, pero también tiene sus complicaciones.

7. La era de los antibióticos llegará a su fin
Un número cada vez mayor de enfermedades se ha vuelto resistente a los antibióticos. Con el tiempo podríamos acabar viviendo en una “era posantibióticos”, un tiempo en el que incluso las infecciones más habituales podrían poner en peligro nuestras vidas.

La era de las bacterias resistentes a los antimicrobianos cambiará la medicina tal y como la conocemos. La cirugía de trasplante será difícil, si no imposible. Las operaciones simples, tales como la apendicitis, serán una vez más peligrosas. La neumonía podría tener efectos devastadores en las personas de mayor edad, al igual que muchas otras enfermedades de la vejez, como el cáncer.

¿Qué tan malo puede ser? Un informe reciente del Instituto y Facultad de Actuarios de Gran Bretaña predijo que la nueva era de la resistencia a los antimicrobianos matará a más de 10 millones de personas cada año de aquí a 2050. No es de extrañar que lo llamen “el Apocalipsis antibiótico.”

Afortunadamente no nos vamos a quedar sin opciones. Los científicos se encuentran en la búsqueda de compuestos antibacterianos no descubiertos. También están trabajando para desarrollar bacterias que combatan los virus y las vacunas. Si estos métodos fracasasen, podríamos diseñar microorganismos artificiales que encuentren y destruyan las bacterias problemáticas.

8. Usar a los robots para matar seres humanos va a ser preocupantemente rutinario (y peligroso)
El escenario Terminator hecho realidad. Sistemas de armas totalmente automáticos que de modo desapasionado dan caza y asesinan a los combatientes humanos.
Estos sistemas, conocidos como LAWS (Armas Letales Autónomas), ya están en desarrollo y es sólo cuestión de tiempo que sean combinadas con las armas preexistentes, como munición de gran alcance y ojivas nucleares. Se supone que estas armas robóticas reducirán las pérdidas de vidas humanas y humanizarán la guerra, pero los expertos temen que las máquinas de matar futuristas puedan ser propensas a los accidentes e incluso a escapar del control humano.

Los LAWS serán imbuidos de mecanismos de seguridad y programación “moral”, pero según explica a Gizmodo Wendell Wallach, del Centro Interdisciplinario de la Universidad de Yale para la Bioética, aun así tendrán errores de software, van a ser difíciles de testear y actuarán de forma impredecible, a veces incluso mostrando un comportamiento inesperado.

“La aceleración de la guerra y la reducción de costes harán que los LAWS resulten esenciales para las naciones avanzadas y atractivos para los agentes no estatales”, dice Wallach. “Aunque países como Estados Unidos prometan que habrá un control humano significativo y fuertes enlaces de comunicación con los LAWS, en realidad están particularmente interesados en los LAWS como armas submarinas, ya que la comunicación con ellas es difícil”. A modo de ejemplo, a Wallach le preocupa que un submarino no tripulado lance por error municiones potentes o incluso una ojiva nuclear.

“Podríamos tener una conflagración nuclear antes de que nadie reconozca lo que ha ocurrido”, dice Wallach. “Este es sólo uno de los cientos de escenarios en los que las armas semi-inteligentes plantean riesgos existenciales para la humanidad, mucho antes de que consigamos realizar la famosa superinteligencia. Las consecuencias a largo plazo de no prohibir los LAWS superan por mucho a los beneficios a corto plazo”.

9. Perderemos todos nuestros satélites
Hoy en día pocas personas son conscientes de los riesgos que supone la pérdida parcial o total de nuestra flota de satélites, una catástrofe que podría ser instigada por un síndrome de Kessler (según lo retratado en la película Gravity), una tormenta solar geomagnética masiva o por medio de una guerra espacial.

Sin satélites, nuestra capacidad para comunicarnos disminuiría drásticamente. El sistema GPS se acabaría por completo, junto con los sistemas que dependen de él. La sincronización basada en el espacio se detendría, afectando a casi todo, desde el sector financiero hasta la red eléctrica.

Tenemos que tomarnos este riesgo más en serio y actuar en consecuencia. Para empezar, hay que mejorar la robustez y la capacidad de recuperación de nuestra infraestructura; nuestra dependencia de los satélites nos ha puesto en una situación precaria. También tendremos que empezar a apreciar la ecología orbital. A medida que pasa el tiempo, tanto la órbita terrestre baja (LEO) como la órbita geoestacionaria (GEO) están cada vez más llenas de satélites y basura espacial. A menos que empecemos a limpiarlas, correremos el riesgo de perder estas zonas preciosas del espacio durante décadas, si no más.

10. Nunca contactaremos con los extraterrestres
Damos por sentado que en algún momento, ya sea la próxima semana o durante los próximos milenios, haremos contacto con una inteligencia extraterrestre. El problema es que probablemente nunca va a suceder. Porque no hay nadie ahí fuera transmitiendo señales para que nosotros las interceptemos, y no hay nadie viajando entre las estrellas en busca de nuevos lugares para conquistar.

El Gran Silencio no es sólo una observación trivial. Nuestra galaxia es antigua, por lo que ya deberíamos haber hecho contacto con los extraterrestres. Las señales de ET, desde las fugas de ondas de radio hasta los proyectos de ingeniería a megaescala, deberían estar prácticamente en todas partes. Sin embargo, no vemos nada.

El hecho de que ningún extraterrestre nos haya saludado todavía podría leerse como una seria advertencia sobre nuestro futuro. Tal vez hay una barrera tecnológica que no puede ser superada, como la superinteligencia artificial o la nanotecnología de armas. O quizá los extraterrestres son seres paranoico y xenófobos que juegan a lo seguro por si los vecinos somos hostiles. O quizá la vida inteligente ha optado por explorar los reinos infinitos del ciberespacio en lugar de un universo frío y muerto. En cualquier caso, pasearnos por las galaxia en naves espaciales no parece ser una opción.





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“Yo no pienso morir”.

Cualquiera que pronunciase estas palabras sería tildado automáticamente de loco. Si algo tenemos aceptado es que todos vamos a morir, por más que intentemos retrasarlo al máximo. Y los deseos de inmortalidad quedan en manos de iluminados o religiosos que no aceptan la idea de la muerte.

Pero José Luis Cordeiro, el autor de dicha afirmación, sabe muy bien de lo que habla.

Formado en Ingeniería Mecánica por la Massachussets Institute University, este ingeniero venezolano es, actualmente, uno de los profesores de la Singularity University , un think tank de Silicon Valley que cuenta con el apoyo de la NASA, Google, Microsoft, Nokia, LinkedIn y otras muchas compañías tecnológicas que confían en su ambicioso proyecto de futuro.

Es decir, tiene menos de charlatán que de tecnólogo idealista que sueña con cambiar el mundo.

“Cuando Arnold Schwarzenegger inauguró la universidad, dijo que la ciencia ficción de hoy es la realidad de mañana”, explica cuando le preguntamos sobre sus predicciones.

“Hace dos siglos, la expectativa de vida era de 30 años. Hoy está en 80 años y pronto será indefinida. Somos bebés en un universo ilimitado de posibilidades. En los próximos 20 años viviremos más cambios científicos y tecnológicos que en los últimos 2.000”, asegura.

Y estos son los que más cambiarán nuestra vida:

I. Viviremos la muerte de la muerte

Para Cordeiro, la muerte no es inevitable. Como mínimo, no lo será dentro de 20 o 30 años. Entonces, dice, podremos elegir si queremos vivir eternamente, “a no ser que te caiga un piano encima”:

“ En el año 2045, según las tendencias evolutivas, curaremos el envejecimiento. Nunca más moriremos de viejos. No solo curaremos la mayoría de enfermedades, sino que también las prevendremos. Desde hace tiempo ya tratamos al envejecimiento como una enfermedad curable. María Blasco, directora de CNIO, ha logrado expandir los telómeros para hacer que las células vivan jóvenes. También Elizabeth Parrish, de la startup Bioviva, se ha aplicado a sí misma una terapia rejuvenecedora. Es cuestión de muy poco tiempo que controlemos nuestro envejecimiento”.

"El cáncer nos descubrió cómo podemos no envejecer, ya que vive indefinidamente. Las peores células son inmortales".

Según Cordeiro, la clave de la “eterna juventud” se encuentra en la propia naturaleza. No somos animales que tengan que morir necesariamente.

Lo que llama más la atención es la manera de llegar a este objetivo. El secreto de la inmortalidad podría ser una broma macabra. Y es que, la peor enfermedad a la que se enfrenta el ser humano en la actualidad podría ser la que nos salvara de la muerte.

“ El cáncer nos descubrió cómo podemos no envejecer, ya que vive indefinidamente. Por eso tenemos que matar al cáncer, porque solo no muere. Es una enfermedad que crece y se reproduce indefinidamente. De hecho, lo que hace es terminar suicidándose cuando no le queda más organismo que comer. Las peores células son inmortales, pero también nos llevan a la prueba definitiva de que la inmortalidad existe”.

Uno de los grupos de investigación contra el envejecimiento más populares esCalico, una compañía médica creada por Google que ha recibido 1.500 millones de dólares para intentar “curar la muerte”.

A tanto está llegando el fenómeno que, en agosto de este año, se celebrará el primer RAAD Fest, un festival científico celebrado en San Diego que unirá a los mayores expertos de todo el mundo –entre ellos el propio Cordeiro– en la “lucha contra la muerte”.

II. Resucitaremos muertos
Pero existe una meta más próxima.

“ La criogenización puede preservar a mucha gente de la última generación que deberá morir, hasta que exista una solución para ellos”.

Cientos de personas ya han sido congeladas en todo el mundo. Empresas como KrioRus se dedican activamente a esta práctica desde hace años y, desde que Walt Disney revelara querer ser criogenizado–aunque finalmente le incineraron–, en todo el mundo se han aprovechado las ventajas de la ciencia para congelar a gente que pueda ser revivida en el futuro. “ A -120º el tiempo se para para nosotros. Se detiene nuestro metabolismo”.

"Como veremos la muerte de la muerte, veremos la muerte de la religión. La religión vive de la muerte, así que si no hay muerte, ¿qué explicarán?"

Cordeiro equipara la criogenización a los embriones que nacen congelados y a la propia naturaleza. " Hay ranas que se congelan en Canadá en invierno y luego se descongelan para seguir viviendo. Los propios osos hibernan. Y aunque no lo hacen a las temperatura que nosotros necesitamos, es un indicador de que la naturaleza ya nos prepara para ello”.

El único obstáculo, dice, se encuentra en la ética y, por ende, en la religión:

“La religión es un problema muy serio, sobre todo por el tabú que existe en torno a la resurrección. Pero del mismo modo que veremos la muerte de la muerte, veremos la muerte de la religión. La religión vive de la muerte, así que si no hay muerte ¿qué explicarán? Estoy convencido de que en muy poco tiempo estará permitida la criogenización. Hace 100 años era antiético un trasplante de órganos. Hace 40, el Papa ‘nazi’ (Benedicto XVI) dijo que la fertilización in vitro era diabólica. Y hoy tenemos muchísimos niños –muchos de ellos católicos– que han nacido de esta forma”.

III. Las máquinas superarán a los humanos

Pero no solo seremos nosotros los que cambiemos en las próximas décadas. También lo harán las máquinas, claro.

“ Primero la inteligencia artificial llegará a nivel casi humano, y más tarde a nivel superhumano. En 20 años no sabrás si estás hablando con un humano o una máquina. Será increíble. En 2029, las máquinas serán capaces de pasar el Test de Turing y en 2045, tal y como predijo Ray Kurzweil, los robots podrán mejorarse a sí mismos”.

La predicción de Kurzweil, el considerado "futurólogo más importante del mundo" y trabajador de Google, se basa en la potencia de cálculo de la IA, la cual dice que en esa época llegará a ser millones de veces superior a la inteligencia humana. Tanto que podrán realizar acciones como actualizarse constantemente.

La ciencia ficción nos ha alertado miles de veces sobre los peligros que podría tener un mundo así. Yo, robot o la propia Inteligencia Artificial advierten de una rebelión de las máquinas como una amenaza para la humanidad. Sin embargo, la visión del experto es totalmente contraria:

“Hay que ser estúpido para creer algo así. Lo único que va a pasar es que nos van a hacer el mundo más fácil. Los discapacitados ya utilizan exoesqueletos que les ayudan a vivir mejor. Y pronto se podrán a hacer ojos biónicos para ciegos. Si tenemos miedo al avance nunca solucionaremos los miles de problemas que nos quedan por resolver”.

IV. Dejaremos de usar los combustibles fósiles

“La contaminación tiene las horas contadas”, asegura Cordeiro. “ Dejaremos de usar los combustibles fósiles. Como su propio nombre indica, quedarán fósiles y pasaremos a utilizar energías nuevas y renovables. Más baratas, limpias, ecológicas y casi infinitas”.

La fecha límite que pone en esta ocasión son 20 años. “En el sector energético, tendremos energía solar que destruirá a los combustibles fósiles. Y en el automovilístico acabaremos con todas las empresas que su lucran del petróleo. Todos los coches serán eléctricos y, además, autónomos. No tendremos que conducir nosotros, sino que nos llevarán ellos mismos”.

Según el ingeniero, por más fuerza que tenga el lobby del petróleo en la actualidad, a las industrias no les quedará más remedio que reclinarse ante las exigencias del futuro y multinacionales tecnológicas como Google o Facebook que tendrán un poder mucho mayor que estas. " Repsol no existirá en 10 años", afirma. Y lo hace seguro de que el sistema que se ha aprovechado de los combustibles fósiles se está quedando obsoleto.

Un nombre clave para este avance es Elon Musk, quien está revolucionando la industria del automóvil gracias a sus vehículos eléctricos Tesla y la aeroespacial con SpaceX.

V. Colonizaremos Marte

“Musk ya ha dicho que en 2024 emprenderá la primera misión de humanos en Marte, hecho que cambiará la historia. Por primera vez, los humanos llegaremos a otro planeta. Pero solo será la primera de muchas ocasiones.”, dice Cordeiro.

“Es una colonización tan seria que hay hasta ocho programas preparados para colonizar Marte en todo el mundo. En la Singularity University, que se ubica en la NASA, se dice que en las próximas dos décadas viviremos los momentos más hermosos del espacio. Hace 20 años no teníamos evidencias de que hubiera planetas fuera del sistema solar. Pero ya hemos descubierto miles de exoplanetas. Y en los próximos años se tendrán recursos incluso para identificar si hay vida en los miles de planetas que iremos descubriendo”, dice.

VI. Seguiremos comiendo carne, pero dejaremos de comer animales
Según Cordeiro, nuestra dieta también experimentará cambios significativos.

“ Dejaremos de ser criminales y asesinos. Y no por una cuestión ética, sino porque es un método muy ineficiente. Cuando crías a un animal, inviertes mucho, contaminas más y tiras el 30% de la carne para comerte una pechuga o un chorizo”, explica.

Pero la alternativa no será seguir una dieta vegetariana o vegana. Al contrario. Seguiremos comiendo todo tipo de alimentos, pero sin necesidad de hacer daño a nadie.

“ En el futuro produciremos carne de manera inteligente, ambiental, ecológica y sobre todo mucho más barata. No necesitas todo el pollo para comerte una pechuga. Podremos mezclar las células del pollo para hacer una pechuga sin el pollo”, dice.

Sobre este tema ya se están haciendo avances significativos. Un grupo de científicos americanos está desarrollando un sistema de cultivo de carne a través de células madre de animales. Los científicos afirman que, entre 9 y 21 días, la carne puede ser recolectada como un filete de pollo, ternera o cerdo usuales. Además, al poder controlar sus propiedades pueden llegar a ser hasta más beneficiosos para la salud. En 2021, planean vender los primeros productos a restaurantes, por lo que ya en la próxima década podría llegar a ser una práctica popularizada.

VII. Nos comunicaremos telepáticamente y tendremos una internet planetaria 


“La imagen de Mark Zuckerberg entrando al Mobile Congress y todos mirando por las gafas de Realidad Virtual marcó el inicio de una nueva era informática.La realidad virtual generará un mundo paralelo, un multiverso. Pasaremos de nuestro universo físico a universos paralelos con posibilidades inimaginables”, afirma Cordeiro.

Pero la realidad virtual, que cada vez está más presente y en el próximo lustro parece que va a revolucionar desde el mercado de los videojuegos hasta la medicina, es solo una pequeña parte de lo que nos espera en el mundo de la informática:

“Llegaremos a tener una internet planetaria, un cerebro global que conectará a todo. Una nube en la que podremos almacenar también nuestra memoria.Viviremos en un mundo totalmente distinto, gracias al que incluso podremos hablar telepáticamente. La entrevista que me estás haciendo podremos hacerla en un solo segundo”.

Para lograr tal avance, Cordeiro confía plenamente en las palabras de Sergey Brin, el cofundador de Google, que dijo que quería ser la tercera mitad de nuestro cerebro. " Nuestro cerebro no puede amplificarse más; ya tiene dos partes bien diferenciadas. Pero se creará un exocortex, un complemento externo que nos permitirá hacer mucho más".

Básicamente, lo que Cordeiro quiere decir es que tendremos una especie de apps para nuestras mentes. Aplicaciones externas que podremos utilizar para, como bien ejemplifica el profesor, la telepatía. De hecho, en los últimos años diferentes experimentos han demostrado que es posible. Incluso, una investigación de la Universidad de Washington logró la comunicación directa entre dos cerebros situados a más de un kilómetro de distancia.

Pero antes hay que acabar con la barrera del idioma. " Esto ya lo está haciendo Skype, que puede traducir una videollamada a tiempo real", explica. Y dice que será cuestión de muy poco tiempo que lo pasemos a las llamadas de teléfono móvil y, finalmente, a las conversaciones cara a cara.

El futuro que plantea José Luis Cordeiro es alentador a la vez que inquietante. Los comentarios que más se repiten en las entrevistas que ha concedido son tanto de incredulidad como de catastrofismo. Le acusan de proponer un futuro de desigualdad, en el que solo los ricos podrán elegir si vivir o morir y muy pocos dispondrán de los medios para poder viajar a otros planetas o utilizar el supuesto exocortex que crearán.

Lo cierto es que las previsiones de futuro de Cordeiro parecen venir de la mano de la incerteza. Impulsadas por grandes multinacionales y con una rapidez que pillaría a muchos por sorpresa. Sin embargo, su opinión es que el futuro solo puede llevarnos a algo mejor:

“ Todas las tecnologías, cuando comienzan, son carísimas y malísimas. Pero a medida que avanzan se vuelven baratísimas y buenísimas. Un ejemplo son los móviles. Hace 20 años eran como ladrillos, tenían una batería que no duraría ahora ni un minuto y era para la jet set. Hoy todo el mundo tiene un móvil; quien quiere lo tiene. Y lo mismo ocurre con todo. Desde el proyecto del genoma humano, que costó hace 13 años 1.000 millones de dólares y ahora menos de mil, hasta el trasvase de los disquetes a los pendrives”.

Ante la negatividad, Cordeiro responde con optimismo. Ante el escepticismo, con pruebas reconfortantes. Y sobre sus argumentos, vuelve a repetir:

“ El único límite somos nosotros mismos”.





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Dentro de 50 años, los veranos en la mayor parte del mundo serán más calientes que cualquier verano conocido hasta la fecha.


Según un estudio realizado por científicos del Centro Nacional de Investigación Atmosférica (NCAR) en Boulder, Colorado, si el cambio climático continúa su progresión actual, los veranos entre 2061 y 2080 sean más calurosos que los más calurosos registrados hasta hoy, con un 80 % de probabilidades. Esos sucederá en casi todas las regiones del mundo, con excepción de la Antártida, que no ha sido incluida en el estudio. Si se consiguen reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, la probabilidad se reducirá al 41 %.

Para el científico del NCAR, Flavio Lehner, autor principal del estudio, los veranos extremadamente calurosos siempre suponen un reto para la sociedad, pues aumentan el riesgo de sufrir problemas de salud, pueden dañar los cultivos y agravar las consecuencias de la sequía. Los periodos estivales con temperaturas extremas suponen una verdadera prueba de nuestra capacidad de adaptación al aumento de las temperaturas.

El estudio, incluido en un número especial de la revista Cambio Climático que se centrará en la cuantificación de los beneficios de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, ha sido financiado por la Fundación Nacional de Ciencia (NSF) y la Fundación Nacional de Ciencia de Suiza. Los científicos se han basado en simulaciones que suponen que las emisiones de gases de efecto invernadero no disminuyen, así como en otras simulaciones bajo el supuesto de que la sociedad logra reducir las emisiones.

Mediante el uso de estas simulaciones, los expertos pudieron analizar la gama de temperaturas de verano previstas para el futuro en escenarios similares al actual y en escenarios con menos emisiones. Esta es la primera vez que el riesgo de calor, los récords de temperaturas y su dependencia de la tasa de emisiones de gases de efecto invernadero se han evaluado de forma integral. Los científicos compararon los resultados de las temperaturas veraniegas reales registradas entre 1920 y 2014 y 15 conjuntos de temperaturas veraniegas simuladas para el mismo periodo. Así establecieron un amplio rango de temperaturas que podrían haber ocurrido de forma natural en las mismas condiciones, incluyendo las concentraciones de gases de efecto invernadero y las erupciones volcánicas. Los resultados muestran que entre 2061 y 2080, los veranos en grandes zonas de Norteamérica y Sudamérica, Europa Central, Asia y África tienen una probabilidad superior al 90 % de ser más calientes que cualquier verano en el registro histórico si las emisiones continúan sin cesar. Eso significa que prácticamente cada verano sería tan cálido como el más caliente hasta la fecha.




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El cofundador de Microsoft Bill Gates y el magnate de Hong Kong Li Ka-shing son algunos de los inversores millonarios del Impossible Foods, una empresa fundada por el bioquímico de la Universidad de Stanford Patrick O. Brown cuyo propósito es la creación de alimentos de origen vegetal que tengan el mismo sabor que la carne o productos lácteos equivalentes, y así ser más sostenibles con el medio ambiente.

Cabe recordar que la carne, sobre todo, es un gran consumidor de energía, de tierra y de agua. Por ejemplo, producir 500 gramos de carne se requieren 10.000 litros de agua. La producción ganadera supone el 70 % de todas las tierras agrícolas y cubre el 30 % de la superficie de la Tierra. ¿Cómo soportar la demanda de carne que se estima para el año 2050, que será el doble que la actual?

Impossible Foods comparte inversor con Modern Meadow una empresa especializada en el desarrollo en laboratorio de carne animal cultivada. La carne artificial está creada con las mismas células que la carne natural.

Ambas compañías están tratando de llevar la comida a la mesa a través de una tecnología que es mucho más amigable con el medio ambiente y más eficaz en términos de coste real para el mundo.

Fabricar carne tiene consecuencias terribles para el medio ambiente. Así que el target de la comida imposible son los carnívoros orgullosos. Aquellos que aman el sabor de la carne. Sin embargo, esa carne no procederá de animales.

Con esta premisa, se están experimentar variables de una 'hamburguesa 4.0', con cinco verduras como ingredientes básicos y un coste de producción de 20 dólares. El secreto de su sabor y de su aspecto es una molécula denominada hemo, presente en la hemoglobina y responsable del característico sabor de la carne roja. Este componente también se encuentra en las raíces de algunas verduras y legumbres.

El resultado es tan real que no ha pasado inadvertido para los inversores. Entre ellos, Bill Gates y Google Ventures, bussines angels del negocio. Por ello, un equipo de más de 50 personas formado por ingenieros, agricultores, químicos, científicos y chefs están dedicados a fabricar una hamburguesa que, en realidad, no lo es.

Y esto solo es el principio de las alternativas de la carne de origen animal. En 2013, investigadores de la Universidad de Maastricht ya anunciaban la primera hamburguesa obtenida de células madre de vacuno. Este tipo de hamburguesa tendrá un un 96% menos de emisiones de gases de efecto invernadero y supondrá un 99% menos de superficie cultivada.




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¿Qué ocurrirá cuando el ser humano empiece a desconfiar de la misma tecnología que ahora ansía? ¿Qué ocurrirá cuando las personas con modificaciones corporales comiencen a ser vistas con desconfianza? El nuevo tráiler de Deus Ex: Mankind Divided es una preocupante mirada a un futuro muy oscuro y muy probable.

El tráiler, que puedes ver al final,  es un espectacular corto de ciencia-ficción en toda regla. En él se narra la situación que ha llevado al desastre mundial con el que se da inicio al videojuego. En un futuro cercano, la tecnología permite a las personas reemplazar todo tipo de miembros perdidos con equivalentes robóticos, y pronto se pone de moda sustituir partes del cuerpo al más puro estilo cyberpunk.

Un ataque informático acaba desencadenando una ola de violencia y discriminación contra esas personas con ciberimplantes. El guión es tan humano que resulta perfectamente creíble. El juego ya se puede reservar. Saldrá a la venta el 23 de agosto.


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Los investigadores de la Singularity University lo tienen muy claro: La comida artificial revolucionará la alimentación en tiempo récord. El mundo cambia a velocidad de vértigo y la alimentación puede (y debe) estar a la altura para buscar soluciones a los retos más difíciles de la humanidad. La Universidad de la Singularidad es una corporación pública del estado de California, creada por Google y la NASA, que pretende resolver los grandes desafíos globales de la humanidad: la energía, el medio ambiente, la salud global, la pobreza, la seguridad, el agua, el espacio y, por supuesto, la alimentación.

Comer jamón sin tener que matar a un cerdo o hincar el diente a una pechuga de pollo sin tener que matar a un pollo será un acto cotidiano de nuestras vidas. La comida cultivada o, como muchos la prefieren denominar, comida artificial permitirá abastecer la necesidad de comida de origen animal de millones de personas sin matar a un solo ser vivo.

Según José Luís Cordeiro, profesor fundador de la Singularity University, la comida artificial tendrá el mismo sabor aunque no proceda de un animal vivo. Además tendrá la posibilidad de añadir sabores extras. Por ejemplo, un muslo de pollo con sabor a mostaza o una loncha de jamón con sabor a tomate desde su creación.

La comida cultivada será mucho más barata que la actual porque no habrá costes de producción o de mantenimiento de los animales. Será más ecológica porque no dañará el medioambiente con emisiones contaminantes y, por último, será más humanitaria porque más gente desfavorecida tendrá acceso a alimentos que respetarán los derechos de los animales vivos. En pocas palabras, comer animales será algo primitivo e innecesario en poco más de 20 años.
El debate ético sobre los límites de la clonación está servido y, como era de esperar, la industria cárnica se ha posicionado en contra ejerciendo presión a todos los niveles para no perder su parte del pastel. En China ya se está construyendo la fábrica de clonación de animales más grande del mundo y pretenden clonar un millón de vacas al año para abastecer a la población. Comer carne sin matar animales ya es una realidad que puede resolver problemas antiguos y abrir nuevos interrogantes que implican a todos aquellos que no comían carne porque pertenecía a animales en libertad: ¿Es un paso adelante para el derecho de los animales o una aberración de la ciencia?




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